17 marzo 2011

Parte II. Bocachica y sus mártires: En los Mitos y Leyendas de Cartagena.


Veníamos contando la historia de como el Coronel Lea ante el inminente contraataque de Morales, el  "Atila colombiano"; y al ver con vergüenza a su ejército escapar en embarcaciones de Bocachica para salvar su vida; decide habla a los humildes habitantes de la isla, para que se escondan en los bosques  reconciendo la superioridad militar de los hombres de Morillo y la inutilidad de ser inmolados sin ninguna ventaja. 

Fotografía de Bocachica, en "Hisotrias y Leyendas de Cartagena" Parte II, pág. 31
..." cuando Morales llegó a Bocachica en son de combate, fué grande la sorpresa que experimentó al encontrarse sin enemigos a quienes combatir.  Comprendió inmediatamente los motivos que impulsaran a los defensores del poblado para abandonarlo y mordiéndose los labios de ira, concibió un infame cuanto cruel proyecto.  Y fué éste, el de hacer pregonar por las inmediaciones de la población que a ella llegaba llevando la rama de olivo.  Creyeron los de Bocachica en las palabras del soldado, e incautos salieron de sus escondrijos y regresaron al poblado.

Cuando Morales consideró que ninguno faltaba, hizo prender al coronel Lea, y conducido éste a su presencia, lo recibió con las mayores atenciones y hasta se permitió con él algunas chanzas de las más fina factura.  Después de un rato de conversación con su presa hizo a uno de sus ayudantes una señal que no paso inadvertida para Lea.  El ayudante salió y poco después se oyeron de corneta que hicieron estremecer de horror al oficial prisionero.  Eran señales de degúello.  Lea se levantó y trato de avanzar hacia la puerta de la calle; pero la guardia que custodiaba la casa se lo impidió.  Entonces se acercó a una ventana y desde alla contempló horrorífico cuadro que le puso los cabellos de punta.  La soldadesca española, ebria de aguardiente y de venganza, degollaba sin piedad a los míseros moradores de Bocachica, sin que se escapasen de tan bárbara tragedia las mujeres, los niños y los ancianos.
Pablo Morillo "El Pacificador"

Trato Lea de sacar su espada, más fué detenido fuertemente por detrás y desarmado por sus enemigos.  En ese momento sintió que una mano se posaba sobre sus hombros.  Se volvió.  Era Morales, quien sonreido, también contemplaba el espectáculo:

  - Para que no quede una semilla, dijo, atusándose el bigote.

  Lea Retrocedió y cayó medio desmayado sobre un asiento.  Morales se le acercó:
  - Cosas de guerra, dijo.
  Y sobre este tema desarrolló un largo discurso, ilustrándolo con hechos históricos y citas de los grandes capitanes.  Pasó una media hora.  Todo estaba ya en calma.  La matanza había terminado.  Un sirviente puso dos cubiertos sobre la mesa.  Morales invitó a Lea.  Este abrió desmesuradamente los ojos y trató de sondear la concincia del español.
  - Vamos, amigo,dejemos al tiempo que cicatrice la herida.  Mientras matemos nosotros al hambre.  A la salud de usted- agregó presentándole una copa de vino.

Inconcientemente la apuró el jóven y sin pronunciaruna sola palabra, se la devolvió vacía.  Morales lo levantó sin grandes esfuerzos y lo condujo a la mesa.  El español charlaba alegremente y comía con apetito sin descuidar a su anfitrión que ene sos momentos más que un hombre era un autómata.

Después le ofreció un buen cigarro habano y una taza de café.  Volvió Morales a tomar la palabra y habló de cosas alegres.

Cuando Lea se hubo fumado casi el cigarro, dos soldados se le acercaron y le ordenaron que le siguieses.  El joven, siempre inconciente, obedeció.  Lo condujeron al patio de la casa, lo apoyaron contra el tronco de un viejo árbol de ceiba que en él había y le noftificaron que iba a ser pasado por las armas.  Recobró el joven el juicio a esta noticia, y dejando vagar por sus labios una sonrisa llena de amargura, exclamo gozoso:

  - Decid a vuestro Jefe que lo agradezco infinito, porque ya su presencia me es odiosa y no puedo vengar las infamias cometidas. Ahora apuntad sólo al corazón con mirada firme y serena. ¡Fuego!

sonó una descarga y Lea cayó de costado, pero no muerto.  Un soldado se le acercó con objeto de descargarle en la frente el tiro de gracia.  Morales, que había seguido desde la puerta toda la anterior escena, le gritó:

-No; sería lástima echarle a perder el rostro. Toma mi pañuelo y estrángulale. Cuenta con que te lo agradecerá eternamente.

  Dijo, se dirigió a la sala y pidió otra taza de café.

Ver ampliación de estos hechos históricos en Historia de Colombia para la enseñanza secundaria Escrito por Jesús María Henao,Gerardo Arrubla  Páginas 329-335  que puede leer online http://books.google.com/books?id=4CzVAAAAMAAJ&pg=PA364&lpg=PA364&dq=juli%C3%A1n+Lea+y+Garz%C3%B3n&source=bl&ots=gmbkCpR-vb&sig=pg_JDXFqNByqOuaduJvXu0XKav8&hl=es&ei=ai6ATZvFFcfcgQfEuJWBCA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=2&ved=0CBkQ6AEwAQ#v=onepage&q=Francisco%20tom%C3%A1s%20morales&f=false  El coronel Julian lea y garzón aprece como uno de los mártires de la patria, ejecutado en Bocachica en 1815 (Pág. 361).

1 comentario:

  1. Según el texto citado al final de la nota, Morales, después de engañar a la población con el bando de amnistía, "hizo asesinar a orillas del mar a más de 400 infelices"... Y pensar que hoy Bocachica, después de tantas luchas y tantos mártires dados a la patria, esta sumida en la miseria y el abandono. Gente hermosa, que ama el mar y su tierra, ve pasar el derroche de lujo y dinero ante sus ojos, sin propuestas, sin inclusiones.

    ResponderEliminar